Rock en tu Idioma Sinfónico: le echan ganas los chavos

Graban el Volumen 2 del concepto en el Auditorio Nacional en una noche de euforia y nostalgia

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ROCK EN TU IDIOMA SINFÓNICO VOL 2. (Fotos: OCESA / José Jorge Carreón).

Por momentos el escenario del Auditorio Nacional se volvió un antro ochentero o noventero cualquiera.

Ahí estaban los hombres y mujeres que hace tres o cuatro décadas eran unos chavitos queriendo comerse el mundo a guitarrazos.

La grabación del Volumen 2 de Rock en tu Idioma Sinfónico demostró que aunque pasen los años, “El rock no tiene la culpa” y que la juventud y las ganas de echar desmadre se traen en la sangre y no son exclusivos de los “chavos”.

Porque la chavoruquiza reunida en el ‘Coloso de Reforma’, tanto arriba como abajo del escenario, trae tanta vitalidad y energía como cualquier millennial.

La Camerata Metropolitana y el Coro Euterpe que acompañaron al “conjunto de música juvenil”, impecables. Su director Felipe Pérez Santiago sufría para poner en orden a los “chiavos” que echaban desmadre en el escenario. “Ya no me regañes”, le dijo Sabo Romo sonriendo. “Felipe se la ha pasado regañándome todo este tiempo, pero ¡esto es rock and roll”, explicó el bajista de Caifanes y líder del proyecto.

La dulce guitarra de Gasú Siqueiros y la tremenda voz de Kazz retumbaron en el recinto con “Beber de tu sangre”, Piro Prendas arribó al escenario para felicitar al productor Pablo Novoa por su cumpleaños y arrancarse con “Marielito” y Cala entonó el himno ochentero por excelencia: “El Final”. Con toda su energía y experiencia, el cantante de Rostros Ocultos encendió a los cuarentones y cincuentones en el Auditorio, unidos en un solo coro: “llegando a la fiesta, uo-uo-u-oo, te veo besándote con otro… ¡qué poca madre!”.

LAS NUEVAS QUE NO SON NUEVAS

Llegó el momento de grabar las “nuevas” canciones y Sabo fue dando la bienvenida al desfile de cantantes encabezado por Ugo Rodríguez de Azul Violeta, quien con su poderosa voz interpretó “Solo por hoy”; el excéntrico Javier Gurruchaga recreó con su peculiar estilo y ademanes eufóricos “Corazón de neón”.

Sergio Arau arribó a escena para cantar “Alármala de tos” y en su emoción guacaroquera perdió algunas estrofas de la canción… nada que no se pueda arreglar en la postproducción.

Y quienes incendiaron la noche, tanto con su música como con su presencia escénica, fueron Las Víctimas del Doctor Cerebro, quienes pusieron a mover “El esqueleto” a toda la audiencia.

Cecilia Toussaint fue la primera mujer en ser incluida en el proyecto y llegó como toda una dama a interpretar “Carretera”. Lino Nava y Héctor Quijada, los líderes de La Lupita, pusieron a bailar a todo mundo con el ritmo de “Paquita Disco”, Quijada fue otro de los que con la euforia del concierto, se apartó del micrófono por momentos.

Los Aterciopelados brindaron un hermoso “Bolero falaz” y José Fors entonó “El son del dolor”, en una versión un poco más lenta que la original y sin la garra característica en las guitarras de La Cuca.

María Barracuda lució espectacular con su atuendo, su maquillaje, su cabello, toda ella, al realizar el cover de “Ni tú ni nadie”, donde quizá por única vez la Camerata Metropolitana tuvo un papel protagónico con los conocidos arreglos de esta pieza de Alaska.

El clímax llegó desde “Chelalandia”, como anunció Sabo: los regiomontanos de El Gran Silencio mostraron que siempre serán “la pura sabrosura” e interpretaron su clásico “Duerme soñando”, para dar paso al encore donde arribaron todos los participantes al escenario y cerrar la noche con una desordenada versión de “El rock no tiene la culpa” de Miguel Ríos.

Sí, esa última rola fue un desmadre en el que todos los cantantes brincaban, bailaban, gritaban, se abrazaban, se dirigían al público pero se perdían en la canción. Finalmente, es rock and roll… y no, no tiene la culpa.

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