No soy una bruja, de África para el mundo

Después de un pequeño incidente en su pueblo de Zambia, Shula, de 9 años de edad, es acusada de brujería y enviada a un campo de brujas

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Imagen cortesía IQ PR

Muy poco cine llega de África a los festivales internacionales y menos a las salas comerciales mexicanas, No soy una bruja es la excepción y como muchos la calificaron una “auténtica joya” que acaparó miradas en la quincena de los realizadores del Festival de Cannes.

No soy una bruja, ópera prima de Rugano Nyoni, que ya está en las salas de cine mexicanas desde este viernes 8 de junio, es una apasionante película sobre el tema controversial de la brujería en África, desde la mirada dulce de una pequeña niña.

En Ghana (donde se filmó la película) como en otros países de África existen pueblos o lugares donde se agrupan a mujeres juzgadas como brujas. A pesar de que las leyes locales lo prohíban, varios jefes tribales mantienen cautivas a estas mujeres víctimas de supersticiones (acusadas de haber causado sequías, epidemias…)  o bien castigadas por celos y envidias.

Shula, nuestra pequeña protagonista de nueve años, llega a uno de estos campamentos tras haber sido acusada de brujería. Sin entender lo sucedido, es condena a ser atada a un largo lazo blanco con la posibilidad de cortarlo – y entonces será maldita y transformada en cabra- o de aceptarlo y entonces vivir por siempre como bruja. Shula decide no cortar el lazo y a partir de entonces, seguiremos su vida y la de sus compañeras brujas.

La película, estéticamente muy bien lograda, exhibe con detalle como el poder político tribal trata a estas mujeres y todo un pueblo, infundiéndoles el miedo. De esta manera sutil pero también aterradora, nos introduce al universo de una niña inocente empujada brutalmente hacia el mundo intransigente de los adultos. El resultado es una cinta conmovedoramente desgarradora.

No soy una bruja / I am not a witch estará en las salas mexicanas, en las ciudades de México, Monterrey, Guadalajara y Tijuana.

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