Editorial: Por eso nos llaman “chairos”

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Hace tres décadas, la palabra chaira era sinónimo de chaqueta, que a su vez es sinónimo de masturbación.

A alguien se le ocurrió la expresión chaquetas mentales, viajes épicos e ilusos que, como la masturbación están plenos de las fantasías del protagonista y, si bien hay orgasmo, el placer es inocuo, simplemente se derrama como en la bíblica historia de Onán: no da fruto.

Hoy, este término se ha trasladado a la Revolución cibernética para denominar a toda persona de izquierda que, en su afán de cambiar al mundo desde la comodidad de Facebook, crea teorías de la conspiración y del compló, da por hecho intrigas en lo oscurito sin mayor fuente que la fe revolucionaria y comparte noticias como el inicio de la Tercera Guerra Mundial a partir del blog de un chavo preparatoriano que, a su vez, posteó una imagen de un portaaviones estadounidense en prácticas y escribió que era un navío norcoreano-chino-ruso en el Golfo de México listo para atacar Estados Unidos.

Es de uso común en las redes sociales denominar chairo a cualquier simpatizante de Andrés Manuel López Obrador o de Gerardo Fernández Noroña y, con esa palabra se descalifica cualquier propósito constructivo al reducir la militancia o la reflexión a una simple chaqueta mental.

Y, como siempre, los extremos se tocan, pues tan chairo es el de izquierda como el de derecha: el apologista de Felipe Calderón, Margarita Zavala o los Legionarios de Cristo. Sí, a ese le llaman derechairo.

Por supuesto, está el de en medio: el seguidor del estatus quo, el que aún cree en los discursos del presidente Enrique Peña Nieto y cualquier gobernador o legislador del PRI. Ellos son denominados en el universo del social media como Peñabots, término que incluso está consignado en Wikipedia. Si no me creen, chéquenlo.

Pues resulta que Panteón Rococó, una de las bandas más importantes de México que esta semana engalana la portada de RED CAPITAL, nos ha dado una gran lección al respecto: ni chairos, ni derechairos, ni Peñabots. Las cosas como son, sin agregarle “para la causa” ni quitarle para quedar bien.

“Por eso nos llaman chairos”, dicen al referirse a un retraso en el trámite de sus visas estadounidenses que algunos chairos quisieron magnificar para dar la idea de una completa cerrazón del vecino país del norte a los mexicanos –lo cual no está lejano de la realidad, pero en este caso no fue así-.

Surgidos en el fervor del levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), lo que sea que esto signifique, los miembros de Panteón Rococó pudieron haber aprovechado este incidente para incendiar las redes sociales y a sus millones, sí, millones de seguidores, con un discurso antigringo, libertario y patriotero. No lo hicieron. Se condujeron con apego a los hechos, no hablaron de más, pero tampoco de menos.

Eso, señores y señoras es ser honesto, digno, congruente y, sí, revolucionario de verdad.

Ismael Frausto
Director Editorial