Editorial: Llueve sobre mojado en CDMX

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¿Quién nos entiende?
Hace apenas unas semanas los capitalinos implorábamos a Tláloc que nos mojara aunque fuera con unas gotitas (sin albur) porque no podíamos con “la calorsss”.
No dormíamos, nos quejábamos de los mosquitos, de los agobiantes 30º C, (mientras los norteños se burlaban de nosotros por exagerados. Ellos tan acostumbrados a 40º a la sombra).
Pues parece que tanta plegaria al dios de la Lluvia o a San Pedro, surtió efecto y ¡PUM! comenzó a diluviar en el Valle de México.
Y no hablamos de una lluviecita refrescante. No, hablamos de tremendas tormentas, “lluvias atípicas” les llaman los funcionarios cuando hay que dar la cara ante las inundaciones.
Con el agua llegaron las inundaciones y ahí sí ya no nos gustó.
Lo que para los habitantes del campo es una verdadera bendición, para los capitalinos, las lluvias son algo cercano al infierno.
Había que ver Polanco la semana pasada con una inundación justo a la hora de la salida Godínez. ¡Vaya caos!
En las redes sociales se podían leer mensajes de gente que tardó cinco horas para salir de la zona afectada. ¡Cinco horas de su vida desperdiciadas en un vehículo atorado en un nudo de autos que no se podía desatar!
Esta semana, Tultitlán colapsó. La célebre vía José López Portillo se convirtió en sucursal de los canales de Xochimilco.
Y, como siempre, hay que echarle la culpa a alguien: Tláloc, el gobierno, la basura, los desarrollos inmobiliarios que descargan una cantidad de agua que hace insuficiente al drenaje de la ciudad, Layún.
No nos queremos dar cuenta de que la culpa (o la responsabilidad) es de todos. Desde los gobiernos municipales o delegacionales que no realizan tareas de desazolve oportunamente hasta el ciudadano de a pie que tira la colilla de su cigarro a la coladera.
Pero, sobre todo, no nos queremos acordar que nuestra ciudad es chinampa en un lago escondido y que la naturaleza no se equivoca. El agua siempre seguirá su curso natural.
La que se equivocó fue esa águila que en 1325 se le ocurrió posarse sobre un nopal en un islote del Lago de Texcoco para echarse al plato a una serpiente.
Y sí, también se equivocaron esos ingenuos aztecas que le hicieron caso al águila y fundaron ahí México Tenochtitlan.

METRO-POLI

¿OTRA SEÑAL DIVINA?

Hace una semana un águila se posó sobre… una señal del Metro, casualmente, de la estación Nopalera de la Línea 12.
El hecho suscitó una serie de asociaciones con la leyenda de la fundación de Tenochtitlan que está representada en nuestro escudo nacional.
Hubo quienes vieron en ello un chiste, un hecho curioso. Pero, los más místicos encontraron en esta imagen una nueva señal divina de Huitzilopochtli que nos invita a refundar nuestra ciudad.
Más allá de elucubraciones esotéricas o de la casualidad, no está por demás tomar en serio esta invitación para reconstruir, refundar, reinventar nuestra ciudad, tal vez desde nosotros mismos.

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