Editorial: ¿Está contento con nuestra democracia?

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EL SUSTO YA PASÓ… ¿O COMENZÓ?

Acabaron las campañas, se realizaron las votaciones, se contaron –se siguen contando- los votos, se dieron resultados y, como ha sucedido en los últimos años, pocos están satisfechos con ellos.

¿HABLAMOS DE COCHINEROS?

Ya todo mundo lo ha hecho y lo sigue haciendo. Ahí están las evidencias, ahí están los conteos, las autoproclamaciones de ganadores antes de darse los resultados, las descalificaciones, los acarreos, las viejas y nuevas tácticas, la guerra de desinformación en redes sociales, el odio de unos con otros, la indolencia de la mitad de la población, la militancia fanática, las notas tendenciosas, las peleas dentro de los partidos, fuera de ellos…

Tanto cochinero, tanta mentira, tanta insidia, tanta pasión, tanta frustración, ¿y todo para qué? para que la mayoría de los mexicanos no estemos contentos.

Ya no sabe uno si reír o llorar al ver las noticias, al ver a nuestros paladines de la democracia defender sus resultados –sus propios resultados- al ver a los hermanos Moreira en Coahuila, al ver la guerra interna en el Partido Acción Nacional (PAN), al ver al eterno Andrés Manuel, al soportar los discursos anticorrupción de Enrique Ochoa, al escuchar las explicaciones estadísticas de los expertos, al ver la simulación, la mentira, el ridículo.

¿Saben lo que es una tragicomedia? Las elecciones en México.

Son los resultados, pero también son los procesos. Son las declaraciones, pero también son las interpretaciones y, sobre todo, es tanto dinero tirado a la basura.

Aunque el gasto oficial de las elecciones en el Estado de México sería de 1,500 millones de pesos, algunos especialistas calculan que las elecciones del pasado domingo costaron 15 mil millones de pesos, a los cuales habría que sumar los 11 mil millones de pesos del presupuesto del Instituto Nacional Electoral (INE), además del costo de las elecciones en Veracruz, Coahuila y Nayarit, los presupuestos de los partidos, el presupuesto del Tribunal Electoral y, por supuesto, las inversiones de medios de comunicación, empresas, particulares y un largo etcétera.

REPITO: ¿Y TODO PARA QUÉ?

Para que pocos, muy pocos, se den por satisfechos y en el ambiente permee la sensación de trampa, de marrullería, de chapuza.

A estas alturas ya no se trata de estar a favor de un partido o de otro, de un candidato o de otro, de un modelo o de otro. No, se trata de saber si todo este teatro nos sirve a los ciudadanos para algo aparte de hacer corajes.

La democracia cuesta mucho a México y si seguimos el camino del dinero, sabemos que siempre tiene un origen y un destino. Cuesta mucho. Alguien pierde mucho y alguien gana mucho.

Pero, insisto, ¿y el ciudadano? ese, como siempre, desde tiempos inmemoriales, pierde. Como en el juego arcaico de la pirinola: alguien toma todo y el hombre o mujer común y corriente, siempre, pierde todo.

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