Opinión: Voces críticas de la violencia de género

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Por Gabriela Jiménez Godoy
Presidenta de la Fundación Dime y Juntos lo Hacemos e Integrante del Colectivo 50+1

No hay que declararse feminista para participar o ser solidaria de algún movimiento que busque mejorar la calidad de vida de las mujeres. Así lo creo y estoy convencida que la paridad de género en la nueva realidad política y en el ejercicio de los cargos de decisión, forzosamente ampliarán el espectro de visión con el que el Estado mexicano debe hacer justicia y garantizarle a todas las mexicanas seguridad y una vida libre de violencia.

A pesar de los logros alcanzados, particularmente en el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador, la violencia no se detiene y los asesinatos en contra de nuestro género han movilizado a cientos de mujeres a exigir justicia y para hacer de conocimiento público el dolor que representa perder a una madre, a una hija, a una hermana o amiga y en muchos casos, al sustento económico de una familia.

Las estadísticas advierten que se han cometido más de 2,450 feminicidios en los últimos 3 años y desgraciadamente, el que se aborden estos hechos con la cotidianidad con la que se habla del estado del tiempo, parece que, más allá de sensibilizarnos, nos está acostumbrado a la tragedia de que estén quitando la vida a nuestras mujeres.

Participar en una marcha, no debe ser sencillo cuando la impotencia e inacción de las autoridades te carcome el alma por haber perdido a un ser querido. Cómo se puede gritar y exigir justicia, cuando se tiene un nudo en la garganta por la desaparición o el feminicidio de una mujer a la que tanto amaste.

Por más que uno trate de ser empático con este tipo de tragedias, difícilmente nos acercaremos mentalmente al dolor y la experiencia que debe significar ir a reconocer a tu madre o a tu hermana a la morgue, quien ha sido asesinada con brutal violencia.

De que tamaño es el corazón de todas esas mujeres, que a pesar de ser víctimas de la violencia de género, tienen la energía de salir a las calles a manifestarse, para exigirle a las autoridades que lo ocurrido a ellas, no se vuelva a repetir, ni lo viva alguien más.

Coincido con muchas de las causas que han motivado las movilizaciones de miles mujeres, pero, también es cierto, que nuestro derecho a manifestarnos, no nos exime del respeto que debemos guardar a los monumentos históricos y artísticos. Si bien es cierto, una marcha es la interpretación más aguda con la que se hace notar la indiferencia de las autoridades a nuestra desgracia, soy de las que piensan que, radicalizar la violencia y afectar el patrimonio ajeno o destrozar lo que encontramos a nuestro paso, nos desprestigia a todas y pierde credibilidad el objetivo de nuestras manifestaciones.

Sigamos sacudido conciencias, hablemos y seamos voces críticas del terrible fenómeno de la violencia de género. No dejemos de alzar la voz. Seamos empáticos con la desgracia de las mujeres que salen a marchar. Hoy son ellas, mañana puede ser alguno de nosotros.