OPINIÓN: Transición a un nuevo modelo de trabajo

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Por Gabriela Jiménez Godoy

En materia laboral, el coronavirus forzó al tejido empresarial y a las oficinas de gobierno a implementar el home office para continuar con sus actividades. En otros casos, se redujeron los horarios laborales o alternaron descansos por semana. Las reuniones virtuales ya son parte de la cotidianidad y la calidad que ofrecen las plataformas digitales ha revolucionado nuestra interacción.

De acuerdo con un estudio internacional, varias compañías enviaron entre el 48% y el 74% de sus empleados a trabajar desde su hogar. Migraron a nuevos esquemas de trabajo apoyados en videoconferencias y trabajo colaborativo.

En diversas partes del mundo, se realizan pruebas piloto de jornadas laborales de 4 días, lo que, en la actual crisis sanitaria, también se considera una alternativa.

La implementación del home office permite a las compañías generar ahorros por la renta de espacios, la disminución de los costos de energía eléctrica, conexiones a la red y de insumos. Asimismo, incrementa la productividad al realizar más actividades en menor tiempo.

En México se dio a conocer que el 64% de los directores financieros de algunas empresas, reconocen las bondades del home office y consideran que en los siguientes años habrá ajustes considerables para implementar esta actividad en forma permanente, quizá, en aquellos puestos de trabajo que no demandan interacción física entre empleados.

La Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), refiere que más de 10 millones de personas trabajan entre 9.8 y 11.2 horas diarias. Si adicionamos el tiempo invertido en el traslado del hogar a la oficina, podemos sumar entre 3 y 5 horas de desgaste y estrés a causa del tránsito.

¿Cuántos beneficios podría obtener nuestra sociedad si el teletrabajo o la jornada de 4 días se implementa en forma permanente en México después de la emergencia sanitaria?

La cuarentena ha brindado la oportunidad de convivir con la familia o dormir más de 4 horas seguidas. En buena medida permitió a los padres y madres involucrarse en las actividades y estudios de sus hijos, entre otras actividades favorables. Desde esta perspectiva, el home office representa una herramienta con posibilidades de que empresas y autoridades que nos gobiernan, lo consideren como alternativa para favorecer la calidad de vida de nuestra sociedad.

La pandemia, sin duda, ha traído malos momentos para algunas familias. En materia laboral, se ha dado paso firme para la evolución de las relaciones con los colaboradores. La crisis sanitaria ha puesto sobre la mesa la discusión de la transición a un nuevo modelo de trabajo y coloca a los colaboradores en el centro de las decisiones.

Hagamos un alto en el camino y analicemos lo que conviene a México, a las familias, a las empresas y a la sociedad. Los tiempos cambian y el trabajo no debe ser la excepción.

Gabriela Jiménez es presidenta de la Fundación Dime y Juntos lo Hacemos e Integrante del Colectivo 50+1