Opinión: Pequeños negocios como alternativa de empleo

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Por Edgar F. Garza Ancira
Consejero de empresas y consorcios de carácter multinacional, así como Fundador de la asociación civil Dime y Juntos lo Hacemos

En México hay 34.7 millones de hogares, de los cuales se vieron afectados por la pandemia los ingresos de 16.7 millones; en tres de cada 10 familias uno de los integrantes perdió su empleo o sufrió la reducción de su salario, obligándolos a vender parte de sus bienes, gastar sus ahorros y pedir prestado.

Al comienzo de la crisis por COVID-19, de los 32 millones 900 mil personas ocupadas formalmente, 23% comenzó a trabajar desde casa, 42% disminuyó su jornada de trabajo, 46% disminuyo su ingreso y sólo 5% recibió algún apoyo del gobierno. De los trabajadores independientes, cuatro de cada diez tuvo una afectación directa y tres de cada 10 resintió la falta de clientes dada la menor movilidad y la disminución de la actividad económica. 

En términos reales, la caída más fuerte de empleos se dio entre marzo y abril, cuando más de 12 millones de personas abandonaron el mercado laboral, una caída del 22.3%. Sin embargo, entre junio y agosto la situación mejoró con un repunte de 16.5%, es decir, más de 7 millones se reincorporaron al mercado laboral. 

Hasta agosto, seis de cada 10 personas inactivas por la pandemia regresaron a trabajar, quedando por recuperar su actividad más de 5 millones, de las cuales 60.9% pertenecen al sector formal y 39.1 por ciento al sector informal.

La falta de confianza de los inversionistas en la capacidad de consumo de los mexicanos, incidió en incrementar las posiciones laborales con compensaciones económicas de hasta tres salarios mínimos y en reducir aquellas cuyos salarios superaran esa cantidad. 

La falta de oportunidades laborales en un ambiente de incertidumbre orilló a los empleados a trabajar en condiciones vulnerables. Ante el desempleo, la gente prefirió no tener prestaciones a no tener ingresos.

Los trastornos de la pandemia han sido muy fuertes, los afortunados que siguen laborando sufrieron la reducción de su salario o perdieron sus prestaciones; los desafortunados se quedaron sin empleo o cerraron su negocio, teniendo como única opción el ingresar a la informalidad para generar recursos. 

Ante la falta de ingresos, la informalidad se convirtió en alternativa, los emprendimientos no surgen como una oportunidad, sino ante la urgencia de sobrevivir, así es como se crearon más de 620 mil unidades económicas que permitieron emplearse a un millón doscientas mil personas desde principios de enero al último día de noviembre del 2020 (CONEVAL); el inconveniente está en la falta de conocimiento financiero, innovación, escaso conocimiento digital, nulo financiamiento que les ayude a crecer

Resultan necesarios una mayor implementación de programas sociales que, junto a la estructura de programas de bienestar existentes y mayores transferencias, permitan enfrentar las actuales condiciones económicas en México, y el objetivo siga enfocado en aminorar los efectos negativos derivados de la pandemia.