Opinión: Las secuelas del COVID-19 en las empresas

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Por Edgar F. Garza Ancira
Consejero de empresas y consorcios de carácter multinacional, así como Fundador de la asociación civil Dime y Juntos lo Hacemos

Han transcurrido 8 meses de la pandemia de COVID-19 en México y hemos atestiguado la grave afectación a miles de personas en su salud, miles de empleos perdidos y grandes daños a la economía en nuestro país y el mundo.

Los esfuerzos están centrados en medidas para frenar la propagación del coronavirus, proteger la salud e integridad de las personas y el tratar de garantizar disponibilidad de bienes y servicios esenciales. Ante esto, los empresarios atraviesan una difícil transición para restablecer sus actividades y contar con negocios rentables que generen empleos.

Muchas de las empresas, seriamente afectadas, recortaron sus planes de inversión de capital para este año hasta en un 50%. Un 15% estiman no invertir sino hasta el 2021, o bien, 2022, tiempo en el que consideran se podrá recuperar el ritmo de ventas y producción que mantenían antes del brote de COVID-19 en el país, lo que perjudicará directamente a las cadenas de valor, la creación de empleos y la generación de riqueza.

Así como las personas que enfermaron gravemente y sobrevivieron al coronavirus y después de algunas semanas o meses deben continuar en tratamiento por las secuelas del padecimiento, pasa lo mismo con las empresas sobrevivientes, las cuales enfrentan diversos riesgos estratégicos y operacionales, como el retraso o la interrupción del suministro de materias primas; cambios en la demanda de los clientes; incremento de los costos; reducciones logísticas que provocan retrasos en entregas; problemas de protección de la salud y la seguridad de los empleados, entre otros rubros.

Para evitar relegarse o desaparecer, las micro, pequeñas, medianas y grandes empresas deben modificar ciertos enfoques: 1) Tranformar sus modelos de negocio asumiendo aspectos de sostenibilidad y responsabilidad social, estrategias claras de hábitos de consumo a fin de que la empresa se diferencie de la competencia.

2) Deben innovar, aumentar su productividad y competitividad a marchas forzadas y poner en el mercado productos que cubran las demandas inmediatas y para ello, tienen que reforzar sus áreas de Recursos Humanos, finanzas, operaciones y marketing/ventas. 3) Transformarse y adaptar la tecnología a sus procesos. Cuanto más rápido las empresas hagan uso de la tecnología, más pronto podrán posicionarse.

Las empresas líderes serán las que dejen atrás las viejas fórmulas, donde el mercado de los ganadores estará regido por nuevas reglas que permanecerán en constante cambio, además de perseguir objetivos claros como eje central de sus estrategias de negocio, a la par de lograr ventajas competitivas que les garantice la continuidad en el tiempo y lograr un verdadero entendimiento del propósito para el cual sirven a la sociedad.