Opinión: La industria eléctrica en México

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Por Edgar F. Garza Ancira
Consejero de empresas y consorcios de carácter multinacional, así como Fundador de la asociación civil Dime y Juntos lo Hacemos

La reforma energética aprobada en 2013, abrió las puertas a las empresas privadas para generar electricidad de autoconsumo, así como venta al gobierno y extranjero. Esta enmienda sólo institucionalizó la práctica que se realizaba desde hacía tres décadas atrás y debido a la falta de inversión y mantenimiento se rezagaron las plantas de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), en la generación de electricidad.

La reforma permitió a los principales generadores y compradores, celebrar contratos de cobertura eléctrica, en los cuales se pactaba precio, cantidad de energía y periodo de tiempo de entrega de forma discrecional y sin intervenciones. Esto ocasionó que el mercado eléctrico en México realizara transacciones diarias de energía, beneficiando a los inversionistas privados participantes.

Uno de los compromisos del actual gobierno en materia energética, es evitar aumentar el precio de las tarifas eléctricas. Por lo que, el Ejecutivo Federal presentó en febrero de este año, la iniciativa aprobada por el Congreso de la Unión, que modifica la forma en que se realizará la generación, transmisión, distribución y suministro-comercialización del sistema eléctrico nacional.

La CFE padeció durante años, falta de capacidad y pérdidas por subsidios. Ante esta situación, la reforma pretende fortalecerla financieramente, al permitir aumentar su volumen de producción y su participación en el mercado de electricidad, retomando el Estado el control estratégico del sector.

De esta manera, el Estado suministrará primero la energía que provenga de las plantas hidroeléctricas de la CFE, después la del resto de sus plantas de gas, carbón y combustóleo. Al final se utilizará la de los generadores eólicos y fotovoltaicos, lo que permitirá contar con abasto seguro y a bajos precios.

El gobierno y los grandes mayoristas de servicios eléctricos, deberán lograr acuerdos necesarios que eviten el cambio impredeciblemente de precio y se convierta en obstáculo para el crecimiento de las empresas en todos los sectores económicos.

La reforma, estimula que la CFE invierta en el futuro en energías estables, redituables y más limpias y a que llegue a contar con más centrales hidroeléctricas y sus propios parques eólicos y solares, marchando en línea con la mayoría del mundo en materia energética.

Mucho se ha especulado que vulnera el libre comercio, la libre competencia, que provocará una baja en la competitividad, así como que desconoce los compromisos asumidos en el T-MEC. Lo cierto es que los legisladores que la aprobaron, debieron basar su voto en la búsqueda del bienestar de los mexicanos, en mantener una industria eléctrica fuerte, sana, autosuficiente, creadora de empleo y en crecimiento, que permita apalancar el desarrollo de México.