Opinión: Inclusión social de las personas con discapacidad auditiva

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Por Edgar F. Garza Ancira
Consejero de empresas y consorcios de carácter multinacional, así como Fundador de la asociación civil Dime y Juntos lo Hacemos

En México existen más de 2 millones de personas con discapacidad auditiva, siendo un enorme reto para esta comunidad ser visible y contar con las herramientas comunicativas necesarias para abrirse camino y avanzar a la par de una sociedad que los limita de manera cognoscitiva, emocional y social y les impide desarrollarse plenamente. 

La falta de comunicación los aísla y orilla a convivir predominantemente con otras personas con la misma condición, generando entre ellos, una cultura  apartada del resto, con su propio idioma y sus propios códigos, volviéndolos prácticamente invisibles, tanto en atención y trato, como en recursos para su educación con limitación de escuelas acordes a sus necesidades de aprendizaje, escases de maestros capacitados y orientación educativa oportuna, provocando que a lo largo de su vida tengan problemas de socialización, carencia de oportunidades laborales y un limitado desarrollo humano.

La detección a edades tempranas juega un papel definitivo para evitar años de rezago o de atención profesional que serán cruciales en su vida. Enseñarles a comunicarse mediante la lectura de los labios o la lengua de señas, a través de educación especializada con maestros capacitados, junto con el apoyo familiar pueden ser los elementos centrales para favorecer el desarrollo humano de la persona con discapacidad auditiva.

La discapacidad auditiva al igual que otras discapacidades es producto de falta de información y de políticas que generen conciencia sobre la importancia de la inclusión en general de las personas con cualquier discapacidad como herramientas esenciales que les brinden los apoyos necesarios y les permitan alcanzar mejores niveles de vida.

Es necesario, eliminar la creencia de que las personas con cualquier discapacidad carecen de salud o son menos capaces para desempeñar alguna tarea. Por ello, se tiene que trabajar desde el nivel educativo básico fomentando la inclusión social. 

La inclusión jugará un papel trascendental cuando la comunidad acoja a todos sus integrantes sin distinción, permitiendo su interacción en todas las actividades sociales y eliminando las barreras que impiden la participación.

A pesar de los esfuerzos, persisten rezagos que requieren la intervención inmediata del Estado, en el diseño, implementación y evaluación de políticas públicas que generen inclusión en todas sus vertientes y permitan nivelar el piso para el goce pleno de los derechos de este sector de la población.

Se requiere fortalecer las políticas de generación de empleo y protección social, de equidad de género y las medidas de acción afirmativa que garanticen servicios de calidad en la educación, salud, vivienda, agua, saneamiento, entre otros, robusteciendo la política nacional de inclusión para este sector y para toda la población.