OPINIÓN: Hombres y mujeres somos responsables de la sana convivencia

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Por Gabriela G. Jiménez Godoy

Además de los estragos económicos que ha dejado la emergencia sanitaria por el coronavirus, para las mujeres y el confinamiento al que han sido expuestas las familias, ha derivado en el incremento exponencial de la violencia en contra de nuestro género.

De acuerdo con el Sistema Nacional de Seguridad Pública, durante el primer cuatrimestre del año, se iniciaron más de 68 mil carpetas de investigación por denuncias de violencia familiar. La  Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres (Conavim) refiere que las llamadas de auxilio aumentaron y reportan la violencia que se vive en casa.

He conversado con diversos psicólogos y terapeutas y concluyen que esta situación no tiene precedente, por lo que no existe una respuesta exacta a ¿qué genera tanta violencia? Lo cierto es que convivir por más de dos meses, con más de 3 personas, en un espacio de 30 y 50 metros cuadrados, genera altos niveles de estrés.

Las parejas convencionales no están acostumbradas a pasar tantas horas juntos. Las discusiones no hay forma de pausarlas y las diferencias entre los integrantes de la familia se agudizan. Incluso las altas temperaturas pueden ser un factor que mantiene a muchos en un estado de irritabilidad.

Para algunos, apoyar a sus hijos en la elaboración de sus tareas, se empieza a tornar desesperante y se incrementa el agotamiento al tratar de distraer y jugar con los pequeños. Un televisor en casa resulta insuficiente para satisfacer la necesidad de esparcimiento de todos los integrantes de la familia.

De acuerdo con algunos especialistas, el detonante de las discusiones más álgidas en la familia, es lo referente a gastos y deudas. Es ahí cuando empiezan los reclamos y reproches acerca de quién sí contribuye con el gasto y quién no. En México la mitad de quienes tienen un trabajo, percibe menos de dos salarios mínimos al mes, lo que representa que más de 27 millones de trabajadores en el país vivan con ingresos que no rebasan los 5,400 pesos mensuales.

Cuántos de ustedes ya tuvieron que vender el auto, empeñar algún objeto o mudarse a vivir con algún familiar. Qué nivel de estrés representa que no haya cura para la enfermedad.

Aun cuando no hay argumento que sustente o justifique el uso de la violencia, la realidad es que muchas familias experimentan una situación desgastante y ello potencializa las discusiones, y lo que antes se resolvía con prudencia, inteligencia y un apapacho, hoy es motivo de insultos o de golpes.

Urge un esfuerzo adicional de todos nosotros para elevar la tolerancia y recuperar la armonía en nuestros hogares. Son momentos difíciles que debemos enfrentar en familia. Conservemos el control y evitemos maltratar a las personas que nos aman, porque son episodios que nunca se borran y siempre dejan cicatrices. Evitemos la desintegración de una familia por un momento de estrés desbordante.

Hombres y mujeres somos responsables de una sana convivencia. Platiquemos con nuestros familiares, estemos atentos cuando las cosas comienzan a salirse de control. Las cosas mejorarán tarde que temprano.

Gabriela Jiménez es presidenta de la Fundación Dime y Juntos lo Hacemos e Integrante del Colectivo 50+1.