OPINIÓN: Grupos vulnerables en la nueva realidad

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Por Édgar F. Garza Ancira

En México, la población está expuesta a contagiarse de COVID-19. Sin embargo, hay grupos en situación de mayor vulnerabilidad con padecimientos crónicos que corren mayor riesgo en su salud en caso de ser contagiadas, como los adultos mayores, las que sufren hipertensión arterial, pulmonar, insuficiencia renal, lupus, cáncer, diabetes mellitus, obesidad, insuficiencia hepática o metabólica, enfermedades cardiacas, VIH, o bien, enfrentan alguna discapacidad.

Los contagios se pueden dar con mayor frecuencia entre los sectores que viven en situación de pobreza y con menor acceso a medidas preventivas, como las mascarillas y desinfectantes; entre los que no tienen hogar y carecen de posibilidad de aislamiento; los que tienen ingresos bajos y su única opción es vivir o trabajar cerca de otras personas; quienes tienen empleo pero es inseguro que lo conserven; los que fueron despedidos; quienes carecen de acceso adecuado a agua y saneamiento, entre otros sectores y que en su conjunto representan el 34.5% de la población nacional.

En la Ciudad de México, habitan 4,354 personas que viven en situación de calle, 526,593 discapacitados, un millón doscientos mil adultos mayores y un millón de indígenas, quienes padecen la carencia de recursos económicos para sobrevivir y requieren de acciones que les permitan acceder a los servicios de salud y apoyos para enfrentar en algunos casos, la pérdida de empleo.

Los más vulnerables son quienes históricamente reciben bajos salarios, tienen o tenían trabajos sin contrato, sin cobertura de seguridad social, realizan largas jornadas de empleo, situaciones donde la mujer y los hijos desde muy pequeños comienzan a laborar, con la aceptación regularmente de condiciones desventajosas y en su mayoría participando en actividades informales.

En este contexto, la pandemia debe servir como experiencia para generar sistemas de protección social financiados colectivamente, integrales y universales, que construyan una sociedad y una economía capaz de brindar ayuda y protección a todos estos sectores.

Se tienen que poner en marcha planes y programas que reconozcan e identifiquen las necesidades de los grupos y sectores vulnerables, para implementar estrategias inclusivas y eficientes, que los capacite y les permita vincularse productivamente al mercado de trabajo y alcanzar una mejor calidad de vida.

En la nueva normalidad, millones de personas se reincorporarán a sus actividades y millones que tienen una salud considerada vulnerable, lo harán en condiciones especiales. Lo cierto es que todos tendremos que cumplir estrictas normas de seguridad laboral para cuidar nuestra salud, desde las que ya conocemos como la sana distancia, hasta la flexibilización laboral, la modificación de turnos y la reorganización de los espacios en el trabajo. Así la nueva realidad.

Édgar Garza es Consejero de empresas y consorcios de carácter multinacional, así como Fundador de la asociación civil Dime y Juntos lo Hacemos.