Opinión: Erradicar la violencia contra las mujeres indígenas

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Gabriela Jiménez Godoy
Humanista y activista social

La violencia contra las mujeres restringe y anula el goce pleno de todos sus derechos y, sin embargo, la violencia de la que son objeto es una realidad cotidiana tanto en espacios públicos como privados.

Las mujeres tenemos el derecho a desarrollarnos y acceder en igualdad de condiciones en todos los ámbitos, así como tenemos el derecho a la vida, al respeto a nuestra integridad personal, a la educación y a la salud.

Las mujeres indígenas son víctimas de violencia física, psicológica o emocional, patrimonial, económica, sexual, obstétrica y política. Además de ello, sufren discriminación por ser indígenas.

Datos de la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH), refieren que el 61% de las mujeres mexicanas indígenas han sufrido al menos un incidente de violencia a lo largo de su vida.

El 46.5% han sido víctimas de violencia emocional, 33.6% violencia física, 30.6% han sufrido ataques sexuales y 27% han padecido violencia económica o patrimonial. El 26.3% de las mujeres indígenas que tienen o tuvieron al menos una relación de pareja ha enfrentado agresiones por parte de su esposo o pareja actual o la última a lo largo de su relación.

En el ámbito escolar, el 27.6% de las mujeres indígenas expresó haber experimentado violencia en la escuela, así como violencia laboral que ha afectado al 17% de este sector a lo largo de su vida en sus sitios de trabajo.

En lo familiar, el 12.1% de las mujeres fue agredida por algún integrante cercano, principalmente en su casa o en la casa de algún otro familiar. Las mujeres indígenas también son agredidas en la calle, en los parques y en el transporte público.

Las cifras demuestran la gravedad de la violencia que se ejerce contra estas mujeres, por lo que es indispensable que la autoridad encargada de prevenir y sancionar estas conductas, erradique los obstáculos que impiden a las víctimas presentar sus denuncias, ya que se envía el mensaje al agresor y a la comunidad de que estas personas no tienen derechos y que no pasará nada si se golpea, se viola o asesina a una mujer indígena.

Es fundamental que la autoridad refuerce su sensibilidad ante la violencia que padecen las mujeres indígenas, ya que de nada sirve contar con organizaciones protectoras de los derechos de las mujeres, políticas transversales, incremento en los presupuestos, si la violencia permanece.

Exijamos que paren las agresiones contra todas las mujeres y no permitamos una sola mujer más, golpeada, insultada, discriminada o asesinada. Resulta necesario la implementación de políticas públicas que permitan la integración de los miembros de la comunidad en la promoción de los derechos de las mujeres indígenas y no la violencia, de forma que la comunidad se convierta en un entorno seguro que las proteja.