Opinión: Erradicar el abuso sexual infantil

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Por Gabriela Jiménez Godoy
Humanista y activista social

El abuso sexual infantil es la imposición de actos con contenido sexual por parte de un adulto hacia un menor, cuya intimidad trasgrede mediante el engaño, la fuerza, la mentira o la manipulación. La víctima sufrirá secuelas de por vida y afectación física, emocional y cognitiva.

México es el primer lugar mundial en abuso sexual infantil, pero destina uno de los presupuestos más bajos para combatir este delito: sólo 1% de los recursos para la infancia se destina a la prevención y protección contra abuso y explotación sexual infantil (Unicef).

El INEGI indica que la violación alcanza a más de 1,700 niñas, niños y adolescentes por cada 100 mil menores y adolescentes de hasta 17 años, mientras los tocamientos ofensivos y manoseos llegan a 5 mil 89 casos por cada 100 mil.

Además, las víctimas y sus familias son estigmatizadas y rechazadas por la sociedad que los constriñe, en muchos casos, a vivir escondidos con temor de salir a la calle y padecer malos tratos y poca respuesta de los impartidores de justicia cuando presentan su denuncia y exigen en los juzgados castigo para los agresores.

Los principales síntomas que presenta un menor de edad que fue o es agredido sexualmente son miedo, problemas para dormir, pesadillas, confusión, sentimientos de culpa, vergüenza e incapacidad para manejar sus emociones.

Los peores efectos se presentan cuando la agresión viene de los padres o algún familiar cercano, pues los menores pierden la confianza en todas las personas que los debían proteger.

Al crecer los menores, si no tienen atención óptima, presentarán, sobre todo en la pubertad, fuertes molestias en su ciclo menstrual, dolores de cabeza, problemas de concentración, trastornos del sueño, escasa autoestima, odio a su cuerpo, depresión, fobias, ansiedad, comportamiento autoagresivo y autodestructivo como cortaduras, quemaduras o golpes.

Al ser adultos se apartaran de toda relación afectiva que tenga implicaciones sexuales al desarrollar cuadros de estrés postraumático crónico; algunos buscaran alivio en adicciones (drogas o alcohol) y otros tendrán sentimientos suicidas.

Los varones adultos probablemente serán abusadores y maltratadores, mientras que las mujeres tendrán tendencia a ser maltratadas y nuevamente abusadas.

Se les debe enseñar su derecho a la privacidad de su cuerpo, a negarse a que los toquen o miren si no lo desean, explicarles las formas en que los agresores pueden abusarlos y que no guarden este tipo de secretos, aunque sean amenazados.

Si un menor sufrió o es víctima constante de este delito, se debe creer en su palabra, hacerle saber que no es culpable de lo que le ha ocurrido, darle seguridad y pedirle su permiso para acercarles ayuda profesional especializada para su pronta y adecuada atención.

Todos debemos formar un frente común que erradique el abuso sexual infantil.