Opinión: El verdadero valor del testamento: la tranquilidad familiar

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Por Edgar F. Garza Ancira
Consejero de empresas y consorcios de carácter multinacional, así como Fundador de la asociación civil Dime y Juntos lo Hacemos

Uno de los mayores anhelos que motivan al ser humano a esforzarse día a día, es el de poseer un patrimonio que le brinde certeza y seguridad a su familia. Cuando construye ese patrimonio, una de las mejores maneras de protegerlo es con un testamento. El cuál es el acto jurídico en el cual una persona le cede todos sus bienes o parte de ellos a otra, después de su muerte.

Sin embargo, para los mexicanos el término testamento, involucra muchas ideas mal concebidas al considerarse que es para gente adulta que esta al final de su vida, que lo deben hacer aquellos enfermos terminales sin esperanzas, o bien, que lo deben preparar quienes poseen una gran fortuna, o que esto acelerará la muerte al estar pensando en eso, o a que siempre se esta muy ocupado y no se tiene el tiempo para pensar en el futuro.

Lo anterior, se ve reflejado en la estadística que indica que, en México, sólo 1 de cada 20 personas mayores de edad cuenta con un testamento, siendo la Ciudad de México la que mayor número de testamentos realiza con 30% del total del país.

Es indiscutible que asentar la voluntad en un testamento, aporta tranquilidad a quien lo realiza, ya que se está protegiendo a los seres queridos aun cuando ya no se encuentre con ellos. En ese documento se estipula la entrega de su patrimonio al o los beneficiarios, evitando confrontaciones posteriores o que terceras personas puedan adjudicarse dicho patrimonio. Además, de facilitar a los herederos que realicen todos los trámites legales y pongan a su nombre los bienes heredados sin importar su tamaño ni valor.

Caso contrario, cuando se da el fallecimiento de una persona y no existe un testamento, se tiene que iniciar un proceso de sucesión intestada. Esta figura opera de acuerdo a la jerarquía de lazos familiares y puede convertirse en un dolor de cabeza para la familia, como aquellas que se han distanciado de forma irreconciliable por problemas de herencia. Cosa que pudo haberse evitado si se hubiera realizado un testamento.

Cabe mencionar que hacer un testamento no implica perder la disposición de los bienes en tanto se siga vivo, ni tampoco implica que, una vez otorgado, el mismo no se pueda revocar o modificar cuantas veces se desee, siendo el último testamento el que se haga válido.

El testamento es un documento que se realizará ante un notario público, en pleno uso de facultades mentales y conciencia, donde se proporciona el nombre del testador y sus datos generales (lugar y fecha de nacimiento, nacionalidad, estado civil, ocupación, domicilio), identificación oficial y CURP.

Se llena un documento que es proporcionado por la notaria donde se asienta el nombre de los beneficiarios y los bienes. Se paga el costo el cual varía en cada estado, pero va de los 1,000 a los 2,600 pesos y en el mes de septiembre los notarios de todo el país reducen sus honorarios hasta un 50%. Hay que recordar que el costo de elaborar este importante documento siempre será menor a lo que podría gastarse en los honorarios de abogado y los meses que puede durar un juicio sucesorio.

Lo más importante que se puede heredar a la familia es tranquilidad. Hay que tener presente que en este momento por la pandemia han muerto más de 78 mil mexicanos y una de las consecuencias será el incremento en el número de litigios por aquellos que no dejaron testamento.