Opinión: El derecho a vivir libre de violencia

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Gabriela Jiménez Godoy
Humanista y activista social

La mujer tiene libertad de ejercer sus derechos plenamente sin estructuras que la opriman o la mantengan subordinada. La muerte, daño o sufrimiento físico, sexual, económico o psicológico, son una violación a sus derechos humanos y a sus libertades fundamentales, al restringir el ejercicio de sus garantías individuales en cualquier ámbito de su vida.

Pese a contar con la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia que establece la coordinación entre la Federación, los estados, la Ciudad de México y los municipios para prevenir, sancionar y erradicar la violencia y favorecer su desarrollo, bienestar conforme a los principios de igualdad y no discriminación, en México cada día mueren 10 mujeres por causas violentas de las cuales 2 de ellas son menores de 17 años.

Además, más del 67% de las mujeres mayores de 15 años han sido objeto de algún tipo de violencia y más del 65% que padecieron violencia física o sexual por parte de su pareja, no acudieron a denunciar.

En el ámbito laboral las mujeres sufren más el desempleo, principalmente en tiempos de crisis. El 42.5% de las mujeres de 14 años y más, forman parte de la población económicamente activa, de las cuales el 96% combinan sus actividades laborales con los quehaceres domésticos y 2.6 millones son vulnerables por ingreso.

Las mujeres representamos más de la mitad de la población y somos parte sustancial del desarrollo político, económico, social y cultural de nuestro país. Por ello tenemos el derecho a que se respete nuestra vida; integridad física, psíquica y moral; libertad y seguridad; a la igualdad ante la ley; a la libertad de asociación, creencias y religión; a vivir libres de discriminación; a no ser educadas y valoradas bajo patrones estereotipados y a tener autonomía en todos los ámbitos de la vida.

Tenemos derecho a obtener recursos financieros y materiales, a la propiedad, educación y a promoción de la perspectiva de género en todas las áreas de la vida pública y privada.

Por ello, se debe desterrar la normalización de la violencia. Proporcionar resguardo de la integridad de las mujeres que no están seguras en el hogar. Identificar las acciones u omisiones de la autoridad que posibilita el escalamiento de los índices para corregirlos y derribar el muro institucional responsable de que las víctimas no denuncien.

Es necesario, centrar las políticas en torno a las víctimas, las sobrevivientes y sus familias para que accedan a una efectiva justicia en el país.

México debe reconocer y garantizar el derecho a la igualdad, a la no discriminación y a una vida libre de violencia. Asimismo, deben ser prioridad en la agenda nacional, encaminadas a erradicar las prácticas de exclusión social, limitación y restricción de derechos humanos que atentan contra la calidad de vida y la dignidad humana de las mujeres.