OPINIÓN: Después de la marcha de las mujeres qué sigue…

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 Por Gabriela G. Jiménez Godoy

La Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (Endireh) 2018, estimó en 30.7 millones las mujeres que por lo menos una vez en su vida habrían sufrido un incidente de violencia emocional, económica, física, sexual o discriminación en el trabajo y la escuela.

En la calle, los parques y el transporte público, 38.7% de las mujeres han padecido algún incidente por parte de desconocidos.

En el trabajo, el 26.6% de las mujeres, han sido violadas, o humilladas, o bien, han sido discriminadas por estar embarazadas.

En la escuela, más del 25.3% enfrentó violencia perpetrada por compañeros y maestros.

Las entidades federativas donde se presentan mayores casos de violencia contra las mujeres son: Ciudad de México, Estado de México, Jalisco, Aguascalientes y Querétaro. Los de menor prevalencia son San Luis Potosí, Tabasco, Baja California Sur, Campeche y Chiapas.

Bajo este contexto el pasado 8 de marzo, miles de mujeres en México, alzaron la voz en contra de las agresiones a las que muchas han sido sometidas, para exigir un alto a la violencia de género que tanto las ha lastimado.

“La exigencia fue clara, menos omisiones más seguridad y justicia”.

Coincido en la exigencia de mayor voluntad por frenar las agresiones y porque los tres órdenes de gobierno sean sensibles con la exigencia de medidas de seguridad efectivas, que protejan su integridad y que los servidores públicos encargados de las áreas de seguridad y de salud, implementen protocolos de actuación inmediatos que permitan la atención oportuna y adecuada para las víctimas.

Asimismo, como abogada, mujer y madre, comparto la exigencia de que se implemente una intensa capacitación a los integrantes del Poder Judicial, para que no se revictimice a las mujeres agredidas, ni a sus familias.

Es fundamental, saber cómo consolidar el esfuerzo de las movilizaciones, en la articulación de las demandas y agendas puntuales de acción que se traduzcan en programas o políticas de acción concretas, partiendo de un panorama claro de lo que sí se puede lograr y la manera de evaluar estos avances.

La información y las soluciones pueden surgir desde el contacto de primera mano entre la autoridad y los ciudadanos, donde pueden surgir las estrategias y presentarse los programas que permitan erradicar los feminicidios y la violencia de género.

No podemos esperar que la violencia aparezca ante alguna de nosotras. Se tiene que actuar ahora que estamos vivas, sin dar más tiempo ni oportunidad a los agresores.

Debemos seguir adelante. Hay que poner un alto a los abusos en el trabajo, en el transporte público, en la escuela, en el hogar- Ningún lugar debe ser testigo sordo de la muerte o de la agresión de alguna niña o mujer que no contó con la protección de la autoridad, ni de la sociedad.

Ya basta que siga habiendo mujeres sometidas; esas mujeres deben ser libres. Las mujeres deben ser, lo que quieran ser.

Juntas y con el apoyo de ellos, los hombres, podemos impulsar mejores políticas públicas, para que a través de programas se logre erradicar el machismo.

La erradicación de la violencia de género es un trabajo conjunto, de acciones colaborativas entre gobierno, ciudadanía y sociedad, en donde la educación igualitaria desde edad temprana, es crucial.

Gabriela G. Jiménez Godoy es integrante del Colectivo 50 + 1 y Presidenta de la Fundación Dime y Juntos lo Hacemos.