Opinión: Democratizar la Cultura, un oficio sin elitismos

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Por Gabriela Jiménez Godoy
Diputada federal electa de MORENA del Distrito 3 de Azcapotzalco

Cada vez que nos atrevemos a expresar nuestro interés por que en las distintas comunidades, ya sean urbanas o rurales haya más arte y cultura, estamos siempre pensando en organizar actividades que les sirvan a las personas “para que sean mejor” o “haya una forma para que todos seamos más humanos”.

El Arte y la Cultura, así entendidas, las vemos como esa llave que nos permite abrir la puerta, que al cruzarla, automáticamente nos quita de nuestra mirada todo tipo de conductas que provocan la exclusión o la discriminación de las personas distintas a nosotros, por muy diversas razones legítimas o no tan legítimas.

Entonces, se presenta una situación paradójica, “la gente culta” se coloca en una posición social donde se genera una relación desigual que se vive como exclusividad. Y en las exclusividades no se práctica por lo regular la democracia.

El ejercicio de la democracia desde las alturas del exclusivismo termina por continuar abriendo brechas que se transforman en barreras de incomprensión.

El camino por recorrer en el ambiente cultural tendrá que pasar por el necesario reconocimiento de las aportaciones culturales que por modestas que fueren, deben ser tomadas en cuenta dentro del presupuesto programado para la materia, dentro de los planes y programas de los distintos niveles de gobierno, puesto que el Estado es el garante de derechos y libertades de sus ciudadanos. Uno de esos derechos es el derecho a la cultura.

Uno de los planteamientos rescatables de la nueva forma de fomentar la cultura por el Gobierno de México, es el reconocimiento de los diversos colectivos con la multiplicidad de oferta cultural que generan, y el paso siguiente será el fortalecer la participación de todas y todos ellos, así como acercarla al resto de la población.

En la participación de los grupos que trabajan las identidades de los Pueblos y Barrios Originarios, la gestión y promoción de sus culturas locales se ve más afectada por las insipientes prácticas democráticas, pues en aras de respetar los usos y costumbres se deja de lado el fomento de la democracia plenamente.

Hacer la distinción entre avecindados y originarios provoca una división tajante y con esto se genera una tensión social, la cual es importante señalarla para generar alternativas de inclusión donde se atienda el respeto de la identidad cultural y el respeto de los derechos civiles de cualquier habitante de la nación mexicana.

Ante la existencia de este tipo de complejidades, estamos dispuestas a dejar de postergar su atención y contribuir en que se fortalezca el acceso de todas las personas a la cultura y las artes.