Opinión: Acoso cibernético en menores de edad

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Por Gabriela Jiménez Godoy
Humanista y activista social

En México, existen más de 20 millones de menores de edad, de los cuales el 50% de los niños entre 6 y 11 años son usuarios de internet y en el caso de los adolescentes de 12 a 17 años, entre 80 y 94% navegan por la red.

Debido al confinamiento los niños, niñas y adolescentes pasan más de 8 horas conectados a dispositivos digitales en busca de información, en sus clases en línea o simplemente manteniendo contacto con sus familiares, lo que aumenta la posibilidad de ser víctimas de ciberacoso, entendido como, el riesgo de ser agredidos por acosadores conocidos, desconocidos y delincuentes, lo que afectará su salud mental, emocional y su integridad personal.

El INEGI refiere que 25% de los adolescentes de entre 12 y 17 años, enfrentó alguna forma de ciberacoso por parte de otros adolescentes o extraños, quiénes difundieron burlas, amenazas, mensajes discriminatorios, memes, videos, audios y hasta fotografías intimas, entre otras, sobre las cuales los extorsionan para evitar que lleguen a manos de la familia, amigos o subirlas a Internet.

Existen situaciones de riesgo cuando los menores comparten información personal. Por ejemplo: fotos o videos de ellos o de sus familias, o bien, al tener contacto con personas que utilizan identidades falsas y les realizan insinuaciones o propuestas sexuales.

También se exponen al visualizar páginas web plagadas de información violenta, con temas misóginos, xenofóbicos, o bien, encontrar el enorme tráfico de pornografía existente en la red.

Resulta imprescindible, generar conciencia de los riesgos a los que están expuestos los menores por lo que, los padres de familia o tutores, deben configurar las opciones de privacidad y activar los bloqueadores de ventanas emergentes en todos los equipos electrónicos, para que sus hijos hagan uso seguro del Internet.

Asimismo, se deben establecer normas sobre cuándo y dónde pueden utilizar los dispositivos. Enseñar a los menores a mantener en privado la información personal de toda la familia. Generarles confianza para que expongan situaciones de agresiones, o bien, si han visto información incomoda. Se les debe alertar sobre aquellos secretos que pueden dañarlos.

La constante vigilancia a nuestros hijos es fundamental y de llegarse a identificar cambios en su conducta como mal humor, angustia, pesadillas frecuentes, ansiedad, depresiones profundas, aislamiento o hablar de sexualidad con expresiones inadecuadas a su edad, se sugiere buscar de inmediato la ayuda de especialistas y promover el que las víctimas denuncien a sus agresores ante las fiscalías especializadas, acompañándose de todas las pruebas que le permitan a la autoridad reforzar la investigación.

Si nuestros niños, niñas y adolescentes reciben atención y cariño suficiente, lograremos tener adultos responsables y sanos.