“No me dejen solo… sin ustedes valgo nada”: AMLO

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Llegó a la presidencia gracias al pueblo y se sabe arropado por el pueblo. Es el presidente más popular en la historia de nuestro país y por lo mismo está consciente de que necesita del pueblo.

“No me dejen solo, sin ustedes valgo nada… o casi nada”, dijo en el Zócalo capitalino, el mismo lugar donde, en 1325, un águila se posó sobre un nopal para devorar una serpiente e indicar a los aztecas que ahí, en ese islote del lago de Texcoco, debían fundar Tenochtitlán, México, el Ombligo de la Luna.

“Hoy fue un día soleado”, cuenta la leyenda, dijo Jacobo Zabludovsky al abrir su noticiario el dos de octubre de 1968 para minimizar la matanza de Tlaltelolco. No hay evidencia de que eso haya ocurrido.

Pero sí hay evidencia de que este primero de diciembre de 2018 fue un día soleado, extraordinariamente soleado y de aires cristalinos en el Valle de Anáhuac desde donde se podía observar a sus majestuosos guardianes Popocatépetl e Iztaccíhuatl vigilando a México Tenochtitlán, como lo han hecho desde el principio de los tiempos.

Un día soleado y armonioso, un buen día para iniciar un ciclo. Tal vez fueron los rituales prehispánicos que se realizaron en el corazón de la Gran Tenochtitlán o la energía poderosa de los 150 mil asistentes a la Plaza de la Constitución los que conspiraron para que hasta las fuerzas de la Naturaleza se aliaran con la Cuarta Transformación.

Porque, efectivamente, todo le salió bien a Andrés Manuel López Obrador en su primer día como presidente constitucional de los Estados Unidos Mexicanos.

El Presidente Andrés Manuel López Obrador, a su llegada a Palacio Nacional.

Desde su salida de casa, rodeado-protegido por sus vecinos, su recorrido en el famoso Jetta blanco hacia el Congreso de la Unión, su encuentro amistoso con un ciclista, el oportuno “retraso” en el vuelo del presidente de Venezuela Nicolás Maduro que le impidió llegar a la Cámara de Diputados y con ello se evitó el único escándalo previsto.

Su toma de protesta, sin incidentes; su discurso, primero agradecido con el presidente saliente Enrique Peña Nieto pero después crítico, sin piedad, con la administración del ex mandatario que se tuvo que soplar la andanada que AMLO le estrelló en el rostro, frente a los ojos de millones de mexicanos.

Vaya, tuvo un día perfecto. Hasta la apertura de la ex Residencia Oficial de los Pinos, convertida ahora en el Complejo Cultural Los Pinos fue un éxito: más de 30 mil visitantes en su primer día.

En el Zócalo, una gran fiesta que algunos periodistas compararon con la celebración del 15 de septiembre. Algo no visto hasta hoy. Una Plaza de la Constitución llena a tope en un acto político sin acarreados, sin tortas ni Frutsis; el “pueblo” salió a celebrar a su presidente y él se dejó querer: saludó de mano, tomó peticiones escritas, recibió una flor, se dejó besar, se tomó selfies y se dejó hacer todo lo que los maestros indígenas indicaron durante los rituales de purificación y entrega del bastón de mando.

Uno de los momentos más emotivos de que se tenga memoria. Ahí, en el corazón de la Gran Tenochtitlán y, provocadoramente, enfrente de la Catedral Metropolitana, los representantes de los 68 pueblos originarios invocaron a los antiguos maestros y deidades para que depositaran sus dones sobre el presidente de México y su esposa Beatriz Gutiérrez Mülller.

Un acto poderoso, sensible, inédito. Ver a los nuestros, tomarlos en cuenta y ponerse en sus manos. En un día lleno de simbolismos, éste fue quizá el más intenso, el más fuerte, el que conmovió a los asistentes al Zócalo al grado de que muchos dejaron brotar las lágrimas y, de acuerdo con las redes sociales, muchos más también lloraron frente a sus televisores cuando Andrés Manuel se arrodilló ante el indígena que no podía dejar de llorar mientras derramaba sobre él sus bendiciones.

“NECESITO DEL PUEBLO”

Andrés Manuel López Obrador hizo la invitación a contribuir para convertir en realidad los cien compromisos asumidos y dio a conocer que acudirá personalmente a entregar al Congreso su informe de gobierno y, además, en un acto anual en la Plaza de la Constitución, repasar los compromisos uno a uno para saber si se han cumplido o si siguen pendientes.

Al concluir su discurso en el Zócalo capitalino, luego de recibir el Bastón de Mando de pueblos indígenas y afromexicanos, el presidente llamó a dialogar en plazas públicas y en los hogares sobre los avances del gobierno, a fin de que haya transparencia y se acaben la corrupción y la impunidad.

Es preciso, enfatizó, analizar en los hogares si mejora la situación del pueblo y tomar entre todos los acuerdos que más convengan a la nación, pues la idea es que no se pierda la comunicación directa con el pueblo.

“Necesito del pueblo, conozco la historia, cuando gobernantes revolucionarios se desprenden, cometen el error de separarse del pueblo, no les va bien”, aseveró el mandatario.

López Obrador pidió que “no me dejen solo, porque sin ustedes valgo nada… o casi nada -sonrió-. Yo no me pertenezco, yo soy de ustedes, del pueblo de México”, y  aseguró que “primero muerto que traicionarles”.

Llamó a actuar con optimismo y alegría “porque tenemos la dicha de vivir tiempos interesantes. Estamos en un momento estelar en la historia porque entre todos empezamos a construir la justicia y la felicidad que el pueblo merece y una nueva vida para esta gran nación”.

No hay duda. Vivimos tiempos de cambio y, a juzgar por este día soleado, parece haber buenos augurios de que será para bien… y si no, que la Nación se lo demande.

 

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