Memorias del primer conductor del Metro

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Además de conductor, Juan Cano Cortés fue inspector, regulador, Jefe de Línea y capacitador de miles de trabajadores del Metro.

Apenas tenía 21 años y unos meses de experiencia cuando el 5 de septiembre de 1969, Juan Cano Cortés pasó a la historia como el primer conductor del Metro de la Ciudad de México.

En el marco de los festejos por el 47 aniversario del Metro, el hombre que inauguró el servicio del medio de transporte más importante de la capital nos compartió sus recuerdos.

Fue el 4 de septiembre cuando el presidente Gustavo Díaz Ordaz inauguró el primer tramo del Metro, el cual iba de la estación Zaragoza al metro Chapultepec y viceversa.

Un día después, el 5 de septiembre de 1969, Juan Cano se alistó de madrugada para arrancar con el servicio formal de la limusina naranja.

Fue el destino. “En ese entonces teníamos un rol de trabajo por horarios y ese día mi rol coincidía con que yo tenía que tomar el tren 01, el primero que saldría de Chapultepec rumbo a Zaragoza, así es que fue el destino”.

“Ya sabía que iba a ser el primer conductor, pero no sabía que iba a trascender tanto. Siempre seré el primer conductor del Metro”, dice con orgullo Don Cano, como es conocido entre sus amigos.

Aunque han pasado 47 años desde aquel día, aún recuerda los detalles de esa primera vez: “el servicio formal del Metro lo inicié a las 6 de la mañana y el recorrido duró 20 minutos con 40 segundos; casi al mismo tiempo salió de Zaragoza el segundo tren”.

El tren 01 desembarcó en Veracruz procedente de Francia.
El tren 01 desembarcó en Veracruz procedente de Francia.

Algo de lo que más recuerda es que en los primeros días la gente aplaudía y vitoreaba cada que los trenes llegaban a las estaciones.

Además, cuenta: “éramos vistos como pilotos de aviación porque nuestro uniforme era pantalón gris y chaqueta azul marino, con botones dorados en el que resaltaba la ‘M’ del Metro, además de un gorro”.

“Pero nosotros les aclarábamos que los pilotos tenían la responsabilidad de 120 pasajeros y nosotros trasladábamos hasta mil”.

El primer encuentro. En mayo de ese año comenzaron las prácticas para los conductores del Metro.

“Manejábamos de noche de Zaragoza a Balbuena, luego a Balderas y así, hasta completar el recorrido a Chapultepec”, recuerda Cano Cortés, originario de Actopan, Hidalgo y ahora jubilado luego de trabajar 39 años en el Metro.

Dos meses antes de la apertura oficial se comenzó a dar servicio gratuito, de lunes a viernes: “había chicas que ayudaban al usuario a familiarizarse con el Metro, daban instrucciones como el ‘permita el libre cierre de puertas’, además explicaban el significado de los logotipos de las estaciones”.

El primer boleto del Metro era de color naranja y costaba $1.10.
El primer boleto del Metro era de color naranja y costaba $1.10.

Primeras impresiones. “Pensábamos que los andenes eran muy grandes y creímos que los vagones nunca se iban a llenar”, sin embargo, la realidad sería distinta a su primer encuentro.

“Desde el primer día hubo bastante gente, de tal manera que los trenes se empezaron a llenar. Muchos estudiantes lo empezaron a usar porque en ese corredor había escuelas populares”.

Capacitación rigurosa. Fue tan estricta que, asegura, los primeros conductores no podían llegar con 10 segundos de retraso en un recorrido, “cuando por cualquier circunstancia un tren se retrasaba un minuto era realmente una vergüenza para el conductor que lo llevaba”.

El legado del Metro. Aunque la Ciudad de México no tenía las proporciones que tiene ahora, él ya reconocía la importancia que el Metro iba a tener para los capitalinos.

“Durante la capacitación nos dimos que los metros en París, Nueva York y Londres eran la columna vertebral del sistema de transporte público, así es que supimos que una vez iniciada su actividad, el Metro ya no iba a parar”. Y afirma, “sin el Metro, la ciudad no sería habitable”.

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