Entre vaginas y penes te verás

Galería Klandestina abre sus puertas para dar la bienvenida al arte transgresor de Omar Zurita con su exhibición Headphones

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Con la intención de acoger a expresiones artísticas que transgredan convencionalismos sociales, crear un espacio sin censura, libre y sin límites, Galería Klandestina abre las puertas de su espacio ubicado en la colonia Roma, presentando la exposición Headphonesdel artista visual mexicano Omar Zurita.

Headphoneses una exposición peculiar para el arte, que muestra aspectos de la realidad social en la que actualmente vivimos. 

Está conformada por 16 obras que asemejan ilustraciones sacadas de algún libro infantil, precisamente con el propósito de educar sobre una sociedad grotesca, con obras como Holy selfie, The last selfie, Cruel world Collage skin. Omar, busca confrontar al espectador con la decadencia humana, con lo sórdido y oscuro que pueden ser temas como la pederastia, la decepción, la vanidad, la mentira, la corrupción, la autoestima y la no satisfacción con la vida personal.

En una sociedad donde usamos audífonos, estamos aislados y desconectados sin escuchar y sin mirar hacia otro lado que no sea nuestro rostro reflejado en selfies; vivimos en la vanidosa intimidad controlada que escapa de las lógicas y oscila entre dos cuerpos: el cuerpo-máscara, la de los “bien portados” con la moral en alto y el cuerpo grotesco que va sin frenesí y goza, el que es tachado por ser tabú, el llamado transgresor de moralidades.

Headphonesestá cargada de símbolos y metáforas que intentan expresar pensamientos oníricos, descontentos. Cada una de sus obras muestra la imperfección perfecta del humano, dándole forma y color a su presencia sarcástica. Esta serie se burla del uso excesivo de selfies, de fotografías, de cómo todo lo bello es compartido: la comida, los pies, partes del rostro, hasta la muerte y la tragedia son fotografiadas y expuestas. Sin alzar la mirada, absortos en sus cuerpos-máscara, ven a través y detrás de otro tipo de máscaras: celulares, computadoras, cámaras y redes sociales; y desde estos dispositivos interactúan con otros, conocen el entorno, alteran la realidad y se editan para no mostrar las atrocidades, ni una moralidad corrompida, ni las imperfecciones. Fotografían incansablemente trozos de realidad para ver qué queda dentro de la imagen y qué queda fuera.

Estos cuerpos viciados, esta sociedad contemporánea que se muestra criticada y reflejada en Headphones, es controlada a través de una simbólica de lo grotesco. El cuerpo humano animal, el considerado por muchos “malo”, “perverso”, el que “goza de los placeres” pero se relega únicamente para la intimidad, para que nadie lo observe, ni lo escuche; y así poder exaltar, en vías públicas, el discurso moral de cuerpos sociales normalizados y bellos. Los cuerpos de Headphonesson retratos “al natural”, sin telones, sin esas capas y capas de maquillaje. Son nuestros cuerpos grotescos, la verdadera identidad que se prefiere escondida, la piel más profunda tal cual es mostrada sin decoro ni vergüenza, sin cara ni razón.

La obra de Omar Zurita habla desde la incomodidad, para analizar el cuerpo imperfecto, desde el sarcasmo, para sacar la burla amarga que genera cuestionamientos profundos; y desde lo lúdico e imaginativo, que produce historias y preguntas abiertas.

Es aquí donde Omar se inspira para mostrar y justificar el uso de órganos sexuales, en cada una de sus obras, ya que la cultura y la sociedad se han encargado de evidenciar la diferencia individual al evitar nombrar a los órganos por su nombre (culos, falos y vaginas cuestionan lo grotesco de una sociedad obsesionada con la exposición de su vida en las redes sociales), exponiendo así, en estas obras, la sexualidad como algo normal del ser humano.

Es asumir que existe, el falo, el culo y la vagina, estando ahí presentes pero no como terrorismo visual, ni como fenómeno negativo que viene a destruir estructuras o a resaltar tabúes, sino para generar preguntas abiertas, cuestionamientos sobre la sociedad en la que caminamos, construimos y formamos parte, tratando de reconocer la necesidad de la ironía como instrumento estético que se aleja de lo bello para crear dudas.