EL ÚLTIMO BESO: KISS DIJO ADIÓS

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Merecían una noche perfecta. Sus fans también. No fue así. 

Entre pésimo audio, fallas técnicas -que incluso comprometieron la seguridad de Paul Stanley, quien se negó a volar sobre el público como suele hacer en Love Gun– y un escenario a medias, KISS se despidió de la Ciudad de México.  

A pesar de ello, una vez más el ritual se cumplió.

Esa celebración que a lo largo de 46 años ha fascinado al público. Ese ritual de sangre y fuego que conocemos de memoria pero que no deja de sorprender cada vez que ocurre.

KISS lo volvió a hacer.

El cuarteto neoyorquino encandiló a su fiel ejército con su parafernalia: los maquillajes ultra conocidos, los vestuarios, las luces, las explosiones, las llamas, el humo y sobre todas las cosas, sus canciones, auténticos himnos del rock que hacen querer rockear toda la noche y tener fiesta todo el día.

Porque eso es KISS, una fiesta de principio a fin, una comunión entre artistas y público, entre cuatro seres fantásticos y un ejército de seguidores incondicionales.

“Está bien México, ustedes querían lo mejor. Ustedes tienen lo mejor: la banda más caliente del mundo, ¡KISS!” las míticas palabras coreadas también por la multitud, se escucharon con las luces apagadas para que cayera la legendaria cortina negra con el icónico logotipo. 

El elemental pero inmortal riff de Detroit Rock City encendió la llama, Gene Simmons, Paul Stanley y Tommy Thayer descendieron del cielo en sus plataformas hidráulicas y Eric Singer aporreó su batería como un trueno en medio de explosiones y llamaradas. 

Los 60 mil asistentes a la primera edición del festival Domination los recibieron con la euforia acumulada durante las horas previas de exposición a 28 bandas de todos los géneros del metal. 

La Curva 4 del Autódromo de los Hermanos Rodríguez se estremeció con Shout it out loud Deuce hizo recordar a los leales fans los inicios de la agrupación en 1973, cuando cuatro extraños personajes maquillados irrumpieron en el mundo del rock. 

Say yeahbien pudo ser omitida, pero con I love it loud, un coro de 60 mil gargantas entonó el primigenio coro al unísono para que Heaven’s on fire recordara la época glam de la banda.

ENTRE FUEGO Y SANGRE

El primer número esperadísimo: War Machine, las sirenas aullán, Gene Simmons porta una antorcha encendida y reta al público. Sin más, escupe una larga llamarada ante la gritería y clava la antorcha en el escenario.

La cansada voz de Paul Stanley, quien a pesar de ello trata de exprimirla hasta el límite, anuncia “una canción de 1983” y arranca la primera rola que KISS promovió sin maquillaje: Lick It Up ofrece un interludio homenaje a The Who conWon’t Get Fooled AgainCalling Dr. Lovecalienta aún más el escenario y con 100,000 yearsEric Singer ofrece un tremendo solo de batería que honra a la perfección a su antecesor como “el Gato” de KISS, Peter Criss.

La historia está escrita, prácticamente nada cambia en los shows de KISS. Es lo que quieren sus fans y es lo que ellos dan. Cold Ginemula las peripecias del Space Many Tommy Thayer intenta un solo de guitarra, frío y poco afortunado, dispara cohetes con su guitarra Gibson Les Paul pero aquí sí queda clara una cosa: Ace Frehley sólo hay uno y su suplente jamás pudo llenar sus botas espaciales. 

Llega uno de los momentos más esperados: el solo de bajo de Gene Simmons.

Con luces espectrales y sonidos de ultratumba, el Demonioamenaza a su audiencia, los mira fijamente, mientras un hilillo de sangre comienza a escurrir por la comisura de su boca, ese pequeño hilo se transforma en abundante vómito del líquido rojo y Gene escupe a más no poder ante la euforia generalizada entre el público, es elevado por la plataforma (a falta de los tradicionales arneses) hasta llegar a lo más alto del escenario, donde entona God of thunder… and rock and roll. 

Con Psycho Circus Paul canta junto a la audiencia “welcome to the show”  y con Let me go rock and roll llega otro de los momentos mágicos e imprescindibles: Tommy se luce con la guitarra y la canción culmina con la famosa coreografía de guitarristas y bajista moviéndose en sincronía.

Stanley dice que quiere estar más cerca del público, pide a la audiencia que lo llamen, la gritería “Paul, Paul, Paul…”, comienza la metralla de Love Gun, el arnés recorre unos 100 metros desde “el house” donde está la consola hasta el escenario, el cantante intenta subir, su ayudante trata de acomodarlo y de pronto, Paul se dirige a él y le hace la seña: “no voy a subir”, voltea hacia su staff y les explica las razones, el arnés se regresa vacío ante una audiencia atónita. 

“Disculpen, en verdad quería estar con ustedes”, dice Stanley al terminar la canción pero recompensa con el más grande éxito comercial de KISS: I was made for lovin’ you que pone a bailar y a cantar a la gente que inmediatamente olvida o perdona el incidente. 

Black Diamond y el cielo se llena de explosiones al compás de las guitarras para anunciar un final marcado por tres himnos: la hermosa balada Beth, a cargo de Eric Singer quien, una vez más cumple perfecto su papel de GatoDo you love me Rock and Roll All Nite, el símbolo de KISS, la canción que cantan todos, la inmensa lluvia de papeles volando que cubren el cielo del Autódromo y el cierre apoteósico con Paul Stanley gritando: “¡los amamos!”, coronan una actuación inolvidable rematada por impresionantes juegos pirotécnicos que iluminan la noche.

A pesar de todo KISS lo volvió a hacer, por última vez.