Editorial: Matar periodistas

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El periodista de Ríodoce, Javier Valdez Cárdenas, fue asesinado el lunes 15 de mayo. (Foto: Riodoce)

“Sueño con algún día no escribir del narco
porque ya no existe más”
Javier Valdez (asesinado el lunes)

Es uno de los deportes preferidos en México. Lo es para aquellos que no les gusta que se hable, que se discuta, que se saque a la luz lo que debiera permanecer en lo oscurito.

“Periodismo es publicar lo que alguien no quiere que publiques. Todo lo demás son relaciones públicas”, dice una frase atribuida a George Orwell.

Y, evidentemente, en México mucha gente no quiere que se publiquen cosas y para ello ha encontrado la mejor forma: matar a quienes las publican.

Una solución muy fácil, pragmática, simple; digna de un país incivilizado como el nuestro.
Porque si la impunidad ha reinado por tantos años, ¿para qué preocuparse por las formas?, ¿para qué intentar discutir o negociar?, ¿para qué arriesgarse a que se descubran las maldades o los negocios turbios?, ¿para qué, si es tan sencillo jalar el gatillo y acabar, así nomás, con la vida de los necios, aferrados, idealistas, soñadores, incómodos periodistas?
Es muy simple: “¡mátenlos en caliente!” diría un clásico. “¿Qué se creen estos golpeateclas? ¿héroes, paladines de la justicia, poetas, revolucionarios?”

“Mejor matemos periodistas”. La forma más sencilla de callar voces que incomodan y es sencilla porque no tiene consecuencias. Nadie (creo que una persona) está en la cárcel por asesinar a 106 profesionales de la información del año 2000 a este día. Impunidad absoluta ante el silenciamiento de la palabra, ante la pérdida de padres, madres, hermanos, hijos… -sí, los periodistas también tenemos familia-, pero más allá: ante el mensaje claro que nos dejan a todos –reporteros o no- “calladitos nos vemos más bonitos”.

“ES MUY FÁCIL MATAR PERIODISTAS”

“De donde soy y trabajo, Culiacán, Sinaloa: todos los caminos conducen al narco”, dijo Javier Valdez Cárdenas al reportero Rodrigo Araiza hace tres años en una entrevista publicada en Revolución Tres Punto Cero.

El lunes, el cadáver de Valdez y su sombrero tirados a la mitad de una calle de su amado Culiacán daban fe de que en “México es muy fácil matar periodistas”, como se titula un reportaje del New York Times escrito por Azam Ahmed hace apenas tres semanas.

Sí, debe ser fácil, pues en este año van 6 periodistas asesinados, en el transcurso del sexenio la cuenta llega a 35.

Y, ya entrados en cifras y estadísticas, basta decir que nuestro país está entre los países más peligrosos para ejercer el periodismo. Se ubica entre Afganistán y Somalia según el texto de Ahmed.

Apenas la semana pasada hubo quienes se indignaron en el gobierno y en redes sociales (¡Já!) por la publicación del informe del Instituto de Estudios Estratégicos que posicionó a nuestra amada nación como el segundo país más violento, solo después de Siria.

Hoy, la realidad nos vuelve a dar una bofetada con el sombrero de Javier Valdez, ese periodista balaceado por investigar, por escribir, por tratar de que este México fuera un mejor lugar para vivir como se lo confesó a Rodrigo Araiza:

“Sueño con algún día no escribir del narco porque ya no existe más, tengo esperanzas de que eso llegue, me gustaría mucho no tener motivos para contar más estas historias y poder escribir de nuestros héroes anónimos, la gente que todos los días está luchando por salir adelante, hacer historias de niños y jóvenes, de la vida cívica, los artistas; me encantaría mucho que dejaran de darme material”.

ISMAEL FRAUSTO
EDITOR

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