Christina Aguilera, más beautiful no se puede

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En una época dominada por el Auto-Tune, en que cualquiera puede “cantar”, Christina Aguilera llegó a la Ciudad de México para dejar bien clarito que el canto es un arte que requiere muchísimo oído, estudio, garganta, pulmones, diafragma y, sobre todo ello, corazón. 

Por segunda vez en sus 20 años de carrera (la primera fue en 2001), la cantante neoyorquina pisó el escenario azteca y con menos de hora y media de show dejó estampada su tremenda voz en el Palacio de los Deportes.

En el changarro de enfrente -el Foro Sol- Café Tacvba celebraba sus 30 años de trayectoria, mientras el Domo de Cobre se cimbraba con las notas emitidas por la pequeña soprano rubia quien, acompañada de espléndidos músicos, coristas y bailarines brindaba un show de primerísimo nivel. 

Foto: Chino Lemus

Porque cada detalle, cada paso, cada acorde, cada nota, cada lámpara, están cuidados con precisión milimétrica. Nada en el escenario ocurre por casualidad. Justo como debe ser en la música: la búsqueda de la perfección.

Por mucho, Christina Aguilera es la mejor cantante pop de su generación y muchas venideras. La mujer tiene mucho R&B, blues, soul y gospel para ser güera. No desafina una sola nota y su tremenda potencia sorprende en un cuerpo tan pequeñito, 1.57 metros de estatura. 

Pero la verdadera altura la consigue con su amplio registro de soprano que puede moldear como se le da la gana, desde los graves más aterciopelados hasta los agudos más estremecedores, todo ejecutado limpiamente, cristalinamente.

Foto: Chino Lemus

DOS DÉCADAS DE CLÁSICOS DEL POP

Parece que fue ayer que la pequeña Christina hacía de las suyas junto a una tal Britney y un tal Justin en el Club de Mickey Mouse

Las luces se apagan, la gritería aturde en el Palacio de los Deportes y, como reina (alguna vez fue princesa junto a su compañera, la mal lograda Spears) Aguilera emerge en su trono. 

Bionic y Your Body encienden la fiesta. “Vamos a ver si es cierto que canta como en los discos”, reta una reportera. No había terminado la segunda canción cuando dictamina: “pues sí, canta igualito que en las grabaciones”.

Foto: Chino Lemus.

Los bailarines despliegan una imagen, la de la inocente rubia del primer disco. El público lo sabe: la canción es Genie in a Bottle. Pero el tema ya no suena taaaaaaaan pop de melcocha. No, la banda de Christina es poderosa e imprime a cada canción un toque duro, potente, acorde a los tiempos, sin menoscabo del espíritu de la canción que, por supuesto, es coreada y bailada por la multitud.

Aguilera hace honor a su ascendencia latina y lanza su primer hit en español, Pero me acuerdo de ti, para seguirse con Golden Queen y la canción con la que renunció a su título de “niña buena egresada del Club de Mickey”, Dirrty. 

“Hey sister, go sister, soul sister, flow sister…” la porquería escurre con Lady Marmalade y, bueno, a estas alturas ya no queda duda: Christina Aguilera se lleva de calle a cualquier súper estrella pop femenina que le pongan enfrente. Ni Madonna, ni Lady Gaga, ni Pink… ni Ariana Grande, ni Beyonce, ni Rihanna, ni Katy Perry… quien sea, a nivel vocal, tiene poco o nada qué hacer frente a ella. 

Foto: Chino Lemus.

Un momento góspel con Maria, Makes Me Wanna Pray, un coqueteo con Like a Prayer de Madonna y otro pasaje en español con el bolero Contigo en la distancia de César Portillo de la Luz y Falsas esperanzas, enfilaron el camino hacia el clímax: Christina desbordada en soul, rhythm and blues y swing con Ain’t No Other Man y Candyman para caer en el tema que la define: Beautiful. 

Sí, la rubia canta beautiful, baila beautiful, es beautiful