Casa Regia, un pedazo de Monterrey en CDMX

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Casa Regia es más que un restaurante:

Es un constante homenaje a la comida de Monterrey… en la Ciudad de México.

Inaugurada hace 14 años con su primera sede en Polanco, donde cautivó durante más de una década los paladares más exigentes con sus cortes, su cabrito al mejor estilo regio, su atropellado de machaca, sus agujas norteñas, sus chiles del monte, sus frijoles con “veneno”, su asado de puerco, su puchero de res y otras creaciones del chef Gerardo Guajardo Garza “El Güero” (de China, Nuevo León) y las aportaciones de su dueño, Bruno Aviña quien, por razones ajenas, tuvo que mudar el original a Rodolfo Gaona 3, en la Plaza Diamante Toreo.

“Nos gustaba mucho aquella primera Casa Regia pero, bueno, en esta ocasión pudimos diseñar de cero el lugar, dándole espacio al bar, a dos salones, y a la cocina, que todos los comensales pueden ver a través de la enorme ventana que divide, y agregamos un escenario donde siempre hay algún cantante talentoso deleitando al comensal”, relata Bruno, quien ha aportado sus creaciones muy especiales a la vasta carta que lo mismo incluye “los tacos del patrón”, “el atropellado del patrón” y algunas más sofisticadas, como los “machitos especiales” en molcajete.

“Es eso, un homenaje a la auténtica comida regia, que no hay en toda la Ciudad de México; hay lugares de cabrito, sí, pero del tipo español; éste, el nuestro, es al pastor, como se prepara en todo Nuevo León”.

Curiosamente, Bruno Aviña no es regiomontano. “No, pero como si lo fuera. Tengo otros negocios, y mi sede está en Monterrey, y entre semana despacho allá, y fines de semana me gusta estar aquí, en Casa Regia”.

Y es que, bohemio y amante del buen comer, Bruno se dio un gustito más: A un lado de Casa Regia construyó “Nostalgia”, un piano-bar donde, sin pudor ni recato, desfilan cantantes amateurs y muchos profesionales que han hecho de este lugar, el favorito de la vida nocturna los fines de semana.

No obstante, Casa Regia tiene su propio escenario, donde viernes, sábados y domingos, lo mismo canta Daniel Riolobos que Manuel Adrián, o se echa el palomazo Martín Urieta o Rodrigo de la Cadena, amigos y clientes asiduos de este lugar.

“De hecho, tenemos dos salones; uno, Eloy Cavazos, con una enorme litografía al carbón, de mi compadre partiendo plaza en Las Ventas, y el otro, el salón Martín Urieta, amigo y compositor que admiro profundamente”, refiere Aviña quien, además, le rindió otro homenaje al crear los tequilas “Mujeres divinas” que, añejado seis meses en barricas de vino tinto, adquiere un tono rosáceo, y el “Acá, entre nos… el mejor”.

Pero la carta regia no sólo se queda ahí; también se ofrecen mariscos, pescados, con un toque de la casa, taquitos de lechón, de chicharrón y, no debe olvidarse, hay postre regio: “conservas”, trozos de naranja y calabaza caramelizadas y acompañadas de queso fresco y una bola de helado de vainilla.

Y si a todos eso le sumamos que venden cerveza Carta Blanca, la experiencia en Casa Regia es total y absolutamente norteña.

“Insisto: no hay un lugar así en toda la Ciudad de México”, dice orgulloso Bruno Aviña.