Alejandro Carrillo: la literatura también duele

Como en los deportes de contacto, escribir no está exento de peligros, asegura el ganador del premio de literatura Mauricio Achar

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Aquel que piense que escribir novelas es inofensivo, que se lo diga a Alejandro Carrillo, escritor capitalino que practica la llamada ‘escritura de pelea’, estilo con el que ganó la segunda edición del Premio Mauricio Achar – Literatura Random House.

El trabajo que lo hizo acreedor a dicho reconocimiento es Adiós a Dylan, cuya historia inicia cuando Omar, el protagonista, rompe con su novia Sara, pero mientras vive el duelo de separación va recordando cómo fue que la conoció, siempre acompañado de la figura de su ídolo Bob Dylan.

El libro, ambientado en la Ciudad de México y Nueva York, “trata sobre la relación que tenemos con los ídolos y cómo los utilizamos para crecer”, explica el escritor de 35 años.

ATACAR LA LESIÓN

Como el joven personaje de su novela, Carrillo Rosas también es fanático de Bob Dylan y desde hace más de un año practica kick boxing, deporte que, asegura, tiene similitudes con el tipo de literatura que hace.

“Cuando en el ring un boxeador descubre que su contrincante tiene una lesión en las costillas se dedica a atacar más esa zona. En la ‘escritura de pelea’ se hace eso pero con uno mismo, atacando nuestras propias lesiones, escarbamos en lo que nos duele”, detalla.

Y como marca la ‘escritura de pelea’, el escritor atacó una “lesión” mientras escribía su obra: “(la novela) habla de algo que siempre me ha dolido mucho, entonces es como mi manera de explorar esa lesión, de tratar de entenderla, resolverla y ponerle un cierre”.

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La primera novela de Alejandro Carrillo ya le valió su primer premio. (Foto: Pedro Zamacona / Red Capital)

Es por esto que para Carrillo Rosas la literatura, al igual que los deportes de contacto, no debe considerarse algo inofensivo. El que sube al ring tiene el peligro de salir madreado y en la literatura es lo mismo, si realmente atacas lo que te duele vas a salir muy golpeado, pero al final puedes salir transformado de eso. Es un viaje de transformación que no está exento de peligros, afirma.

DYLAN, EL ÍDOLO

Para Alejandro Carrillo, el actual ganador del Premio Nobel de Literatura es uno de sus máximos ídolos, aunque dice no es tan fanático del músico estadounidense como lo es el personaje de su primera novela, la cual le tomó seis años escribirla.

Su afición por el músico y poeta estadounidense resalta en toda la obra, pues desde un principio decidió que cada capítulo fuera una canción de Dylan: “cuando no sabía qué escribir escuchaba una de sus canciones y de ahí salían imágenes y empezaba a descubrir lo que seguía en la historia. Me ayudaban a inspirarme”. Las geniales It’s All Over Now, Baby Blue y Tonight I’ll Be Staying Her with You, son dos de ellas.

libroEn agosto de este año Adiós a Dylan ganaba el Premio Mauricio Achar y en octubre a Bob Dylan le era concedido el Nobel de Literatura 2016, una coincidencia que a Alejandro lo dejó impresionado: “más allá de que ayude a vender más ejemplares o no, quién sabe si esto al final suceda, está padre porque la gente tiene más presente a Dylan y resuenan temporalmente las dos cosas”.

De poder mostrarle la Ciudad de México a Bob Dylan, le gustaría llevarlo a conocer el Tianguis del Chopo, sitio que también sale en la novela, y a zonas como Tepito, Buenavista, Nonoalco y Santa María la Ribera.

“Creo que le gustaría ir a los barrios bravos de la ciudad como a Tepito, a gimnasios de box y a la lucha libre, porque a él siempre le ha gustado el descenso a los barrios bajos”, asegura.

EL OFICIO MÁS CHINGÓN DEL MUNDO

Alejandro forma parte de Tinta Chida, comunidad de escritores que comparte experimentos e ideas para aprender a vivir del oficio más chingón del mundo, que es escribir.

Al ser cuestionado sobre si se puede vivir de la escritura, el comenta que “es difícil vivir de tu pasión pero a la vez es lo más fácil que puedes hacer. Es mucho más difícil vivir de algo que no te gusta, por más que te dé mucho dinero”.

Y su pasión, recuerda, comenzó desde que tenía 6 años, cuando escribía canciones. A los 15 decidió conscientemente que quería ser escritor y después de ser expulsado en dos ocasiones de la secundaria y otras dos de la preparatoria, estudió en la Escuela Dinámica de Escritores. A los 19 quedó enganchado a la música de Bob Dylan y ahora ya trabaja en su segunda novela: “trata sobre una chica de 16 años, reggaetonera y amante de San Judas Tadeo, bien chacalosa. Estoy muy enamorado de esta chava

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