25 años sin Kurt Cobain…

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Iván Cigarroa

Quien fuera a pensar que el grunge se iba a terminar tan rápido. Y no por ser una moda, sino por la muerte de Kurt Cobain. Pero no es solo el deceso de quien fuera vocalista de Nirvana  la que hay que lamentar, también toca aquí la de Layne Staley, de Alice In Chains, quienes, por una cruel casualidad murieron el mismo día.

Conocí a Nirvana en 1992, me enteré tarde de su existencia. Pero una vez que volaron mi cabeza traté de conseguir todo lo que pude de ellos. Y no, San Google todavía no llegaba para ayudar. Así que los fanzines del Chopo, las revistas especializadas, además de la radio y TV daban “fe y legalidad” a lo que estaba pasando con el grupo y el grunge en general.

Y de paso, también a Alice In Chains, Pearl Jam, Soundgarden y demás bandas pertenecientes a un género que hablaba sobre su gusto por las drogas o la desilusión por la vida.

No, no me drogaba, pero los riffs, las voces o incluso sus videos volaban mi cabeza. Todavía lo logran.

En fin, Kurt Cobain se suicidó un 5 de abril de 1994, y Layne Staley el mismo día, pero en 2002 y por igual me dolió muchísimo la muerte de los dos.
¿Y cómo no? Con el grunge tuve mi despertar musical, uno que ya venía empujando fuerte desde 1988, pero con este género me identifiqué realmente. A Kurt lo tenía endiosado, con pósters que adornaban mi cuarto, todos sus cassettes originales y la esperanza de que vinieran a México.

Era 1992 y tras la fiebre de Nevermind llegaban con Incesticide, un disco con lados B. Desde entonces el headbanging, y el air guitar se han vuelto parte de mis movimientos al escuchar música. Todavía lo hago al viajar en transporte público pero en su momento creía que era el único y me divertía ver como ciertos adultos se espantaban al verme hacerlo.
Todavía pasa, pero ahora lo hacemos muchos más.

Kurt era alguien en quien creía, alguien en quien sabía que podría ser yo mismo. Porque eso es lo que dejó casi toda la música de los 90: la honestidad en lírica, música e imagen.

Pero en Nirvana era diferente, era más directo y crudo. A Kurt no le interesaba seguir esa tendencia y lo demostraba al interpretar Smells Like Teen Spirit, una de las mejores canciones de todos los tiempos, en tono de burla, con otra voz y jamás, pero nunca jamás, cerraron con ella. Quedaba perdida entre todo el setlist inicial.

Detestaba no ser congruente consigo mismo. Kurt no buscaba el éxito, solo quería emular a Melvins, Pixies y Vaselines y crear música tan maravillosa como la de ellos; pero ser una banda líder, “voz de la generación”, no. Creyó que un tiro serviría para terminar con todo eso pero se equivocó. El tiro lo atravesó y se llevó también toda la ideología, moda y ganas de una generación por sobresalir ante una sociedad que estaba por globalizarse. Vaya, nos dejó solos.

En cuanto a Layne, él vivía inmerso en las drogas. Pocas veces intentó con honestidad salir de ellas. La última vez fue por la muerte de su ex novia Demri Lara Parrott, quien murió en octubre de 1996 a causa de complicaciones secundarias causadas por las drogas.

Y recayó. Fue la época en que Alice In Chains entró en una extraña pausa. Años antes se encontraban en su mejor momento, sobre todo en 1992, cuando el auge del grunge estaba en su esplendor y cuando escuché el álbum Dirt por primera vez dije “¡Wow! Esta es la música que quiero escuchar toda la vida”. Tienen que escuchar los coros de Angry Chair o el riff en Them Bones para entenderme. No había otra banda que cantara de esa forma para mí en esos momentos.

Las drogas afectaron la continuidad en la banda, por eso después de 1995 no hubo un álbum de estudio nuevo. Editaron un MTV Unplugged y un disco de éxitos antes de su muerte.

A mí me entristeció muchísimo su partida. Perdíamos al segundo pilar del grunge una década después de haberse dado a conocer el género. Díganme loco, pero haber perdido a Chris Cornell esta década me parece grave…podríamos perder a Eddie Vedder la siguiente…o a Dave Grohl.

Layne Stanley.

En fin. Quisiera pensar que hoy Kurt tendría 24 años más de vida, es decir 51 años; y Layne 50 todavía. Quisiera pensar así, pero la realidad es que si no hubiera pasado en ese momento habría sucedido después: perderlos así era inevitable.

Hoy creo que sus trabajos musicales son algo invaluable, verdaderos documentos del sentir de una generación aplastada por las grandes empresas, solo querían sobrevivir. Aunque también se les puede tildar de drogadictos y huevones por no estudiar. Prefiero recordarlos de otra forma, porque me definieron de muchas formas porque me enseñaron a resistir en los peores momentos; porque sus letras me salvaron de caer en tentaciones; me benefició entender su visión porque así supe cómo funciona una parte de la sociedad.

Y así llegamos al 2019, a 25 años de la muerte de Kurt. No parece que haya pasado tanto tiempo, y para quienes no vivieron el grunge en su esplendor, quizá solo por referencia saben de él. Por los discos de Nirvana. Por su matrimonio con Courtney Love. Porque un wey “parecido” a Dave Grohl tocaba la batería ahí. Pero su muerte, como muchas otras, han afectado el camino de la música de formas inimaginables.

Con su muerte, Cobain no solo se llevó una etapa importante en la música. También se lleva la creatividad que pudo esparcir con Nirvana de haber grabado más discos. Se llevó la disolución de la banda, por diferencias creativas. Una aplaudida separación con Courtney Love y una pelea encarnizada por la custodia de su hija Frances Bean. Nuevos proyectos, tal vez solistas, tal vez con bandas. Una nueva oportunidad de hacer música diferente que lo liberaría de la sombra de Nirvana. La muy probable crítica negativa ante sus nuevos proyectos y que probablemente le habría deprimido, al grado de haberse suicidado.

De todo lo que menciono, lo que mas se reciente es lo que hubiera sido. Nunca sabremos si lo que dije arriba, u otras alternativas, habrían sucedido. Es lo que es: Kurt Cobain está muerto. Y en esta realidad hoy, como hace 25 años, sigue siendo una de mis bandas favoritas.

El célebre MTV Unplugged.

¿Y qué decir de Layne Staley?

A él las drogas sí lo destruyeron. Y sin importar las causas, se quedó ahí. Herido. Pequeño. Sensible. Y débil, muy débil.

Pero su obra en vida y con plena conciencia, es su mejor legado. Varios discos con Alice In Chains siguen siendo voz de una época en que la vida no era como nos la pintaban. En un mundo donde todos te decían: “compra esto”, “viste así” “come aquí” “sé cómo él”, “sé como ella”, ante tanta información, lo mejor era sumirse en las drogas.

Y no es que esté bien, Layne nunca será es el mejor ejemplo, pero esa fue su vida. E insisto: lo admirable eran sus canciones. Angry Chair, Man In The Box, o Nutshell. 

E igual que a Kurt, el hubiera está muy lejos de ser una realidad porque simplemente, por más años y circunstancias que sucedieran, de todos modos se habría muerto de una sobredosis. Y de igual forma, es de mis bandas favoritas -con o sin Layne-, y extraño mucho el grunge.

Porque lo mío, lo mío, es ese maravilloso y deprimente género musical.